23 de agosto de 2024
No cobraron un centavo, pero se llenaron de gloria: la hazaña de la Misión Argentina y los Torino en las míticas 84 horas de Nürburgring
A 55 años del hito, en el que el auto nacional sorprendió en el circuito más largo y peligroso del mundo. Las mejores anécdotas contadas por sus pilotos y las enseñanzas de Fangio y Berta en un dream team único e irrepetible
La llamada “Maratón de la Ruta†disputada del 20 al 23 de agosto de 1969, fue una de las carreras más desafiantes en la historia ya que se disputó en el Nordschleife, que es el circuito largo de Nürburgring, que en ese momento era de 28,2 kilómetros (casi cinco veces más de la extensión que hoy tienen los circuitos de Fórmula 1) y 176 curvas. Aún sigue siendo el más extenso y peligroso del planeta, hoy con 22,5. Participaron las principales marcas del mundo como Lancia, BMW, Mazda, Porsche, Fiat, Volvo y Mercedes-Benz, entre otros, que fueron para demostrar que sus máquinas podÃan superar la exigencia máxima. Pero fueron sorprendidos por tres Torinos que fueron los grandes protagonistas.
Para revivir esa epopeya de los “Torosâ€, Infobae habló con dos de los pilotos que corrieron y que recordaron anécdotas imperdibles. Se trata de Oscar “Cacho†Fangio y Oscar Mauricio Franco, los únicos dos que fueron titulares y aún viven. El hijo del Chueco compartió el coche número 1 con Luis Rubén Di Palma y Carmelo Galbato. En el 2 estuvieron Gastón Perkins, Eduardo RodrÃguez Canedo y Jorge Cupeiro. Y el 3 estuvo a cargo de Alberto RodrÃguez Larreta “Larryâ€, Eduardo Copello y el propio Cacho Franco, quien fue el responsable de terminar la carrera.
“Un bicho raroâ€
Oscar “Cacho†Fangio vivió una experiencia profesional única, pero también en lo personal al poder compartir un mes con su padre. Fue una seguidilla de lecciones que el Chueco les dio a los pilotos. Fue un lÃder con todas las letras y supo trasladar su sabidurÃa arriba de los autos. Fangio era un experto en Nürburgring, ya que allà ganó la mejor carrera de su campaña, el 4 de agosto de 1957, el dÃa que conquistó su quinto tÃtulo.Él ya conocÃa Europa por una carrera de la Fórmula 3 en 1966. Pero para varios de sus compañeros fue la primera vez que salieron del paÃs y viajaron al Viejo Mundo. “Me marcó muchÃsimo. Lo lamentable es que la mayorÃa ya no está, quedamos tres nada más, Cacho Franco, el Nene GarcÃa Veiga (fue suplente) y yo. Oreste, que está en Alta Gracia y uno de los mecánicos que era el responsable de armar los motores. Después, desgraciadamente, la vida nos ha llevado a varios de los nuestros. Pero lo lindo es que hay muchos chicos jóvenes a los que les han contado la historia, sobre todo mujeres, y son fervientes admiradores de esa épocaâ€, confiesa y añade que “mi padre no querÃa que yo fuera, pero Oreste fue el que habló para que pudiera irâ€.
Una vez que los Torinos pisaron suelo alemán causaron impacto. “Los únicos que no pensaban que Ãbamos a andar tan bien fueron los europeos porque miraron la cupé Torino como un bicho raro, porque no era como la cupé europea que son para dos personas y en las nuestras cabÃan cuatro o cinco personas. Ellos pensaban que Ãbamos a tener problemas con el combustible, frenos y todo lo contrario. Tampoco que Ãbamos a puntear en algún momento, pero después se dieron cuenta de que fue todo al revés. Los dos autos que se quedaron no fue por problemas mecánicos, sino que se fueron afuera y no pudieron salir. Encima los dos primeros dÃas hubo una lluvia torrencial y no podÃan salir. Pero problemas mecánicos no tuvimos y el Torino que terminó dio más vueltas que el coche que ganóâ€.En una competencia de tres noches y en un circuito tan exigente, todo pudo pasar: “A veces se te cruzaban ciervos a la nocheâ€. Aunque no tiene desperdicio la anécdota en la que Fangio les enseñó los secretos de Nürburgring. “En la previa llevábamos una semana andando mañana, tarde y noche y no nos podÃamos acordar el circuito. Hubo un Mercedes-Benz le habÃa dado a mi padre un auto de cuatro puertas y con un motor V8 que iba a salir el año siguiente y quisieron que él lo probara para que diera sus opiniones. Un dÃa vino y estábamos con Larry y Cacho Franco y nos preguntó ‘¿se acuerdan del circuito?’ ‘No’, le dijimos. TenÃa 176 curvas. Entonces nos llevó a dar una vuelta en el Mercedes y nos contó todos los secretos. Lo explicó con una claridad tal que no nos quedó ninguna duda. Ese medio dÃa lo conocimos de memoriaâ€. Una vez arriba del coche, el QuÃntuple les explicó “su método†para poder conocer el Infierno Verde: “Mi padre nos dijo que ‘si van dos o tres en un auto a recorrer, elijan dos o tres kilómetros, dan una vuelta, y comiencen a cantar las curvas que vienen. Si no se equivocan, eligen tres kilómetros más y en la vuelta siguiente vuelven a cantar los tres primeros kilómetros (con el detalle de las curvas) y asà los siguientes’. Fue una ayuda fundamental la que tuvimos con mi padre. SabÃa hasta dónde habÃa una plantaâ€. Y reveló un detalle de por qué Juan Manuel logró sus cinco tÃtulos en F1: “Cuando corrÃa recorrÃa todos los circuitos en auto, a pie, bicicleta o en moto. Era un adelantado en ese aspectoâ€.Aunque otra de las historias que marcó la carrera fue el tango que Fangio cantó para explicar cómo hacer un arreglo mecánico, ya que no se podÃa ayudar a los pilotos: “En el Torino 3 hubo que cambiar pastillas de frenos. El reglamento era muy riguroso y sólo se podÃa parar en los boxes para cargar combustible o cambiar los pilotos. Para los arreglos, se tenÃan que hacer frente a los boxes y lo debÃa hacer el mismo piloto, en no más de 17 minutos, sino quedabas eliminado. Le tocó a Larry, quien era un excelente piloto, pero no sabÃa absolutamente nada de mecánica. Cuando paró, mi padre cruzó y como no podÃa ayudarlo de ninguna forma le empezó a dar las instrucciones cantando un tango. Igual Larry no la pudo cambiar y tuvo que seguir y Cacho Franco la cambióâ€.
“Lloré como un desgraciadoâ€
Oscar Mauricio Franco por entonces tenÃa 24 años y el joven exponente de Azul era una de las revelaciones en el automovilismo nacional. En 1969 en el TC compartÃa equipo con Gastón Perkins, que ese año fue campeón con la Libre II, un Torino modificado. Cacho era suplente para la Misión Argentina, pero la mala suerte de un colega le dio la chance de estar. Viajó con el objetivo de aprender y terminó siendo el protagonista excluyente, ya que reparó el Torino número 3 y le dieron el honor de terminar la carrera y cruzar la meta.Sobre el emblemático nombre de la gesta en Alemania, asevera que “se llamó Misión Argentina porque llevó a pilotos que en nuestro paÃs corrÃan con diferentes marcas, no solo con Torino. Fue Larry que manejaba Chevrolet, Galbato que manejaba Fordâ€.
La adaptación no fue fácil y desde el comienzo la palabra de Fangio sirvió para fortalecer al grupo: “Empezamos a probar y hacer algunas macanas como algunos vuelcos y otros golpes a los autos. Entonces Fangio nos agarró y medio que nos retó: ‘Ustedes vienen a representar a Argentina en el mundo, esto no es una carrera nacional’. Ahà armamos una familia deportiva entre los pilotos, Berta, Fangio y el ingeniero Lobosco (Carlos), que era de IKA-Renaultâ€.“Mecánicamente fueron una maravilla los tres autos. Los Torinos eran como un elefante y el resto un pony. Largaron 66 autos de todo el mundo y terminaron 17, con diferentes tamaños, tracción delantera o trasera, de 500 kilos o el nuestro que pesaba 1.300 con el tanque lleno. La gente que estaba en el circuito se reÃa porque veÃa la diferencia de tamaño de nuestros coches con los otros y les decÃan ‘los Elefantes Blancosâ€. Pero ese elefante demostró ante el mundo que en la Argentina se producÃan autos y el Torino es más nacional que cualquier otro autoâ€, relata.Pero Franco y sus compañeros pudieron surfear las contingencias y el Toro número 3 cumplió con la misión. “Más del 50 por ciento de la carrera Ãbamos ganando, pero porque el reglamento decÃa que no podÃas superar los 86 decibeles de ruido por el caño de escape ahà comenzamos a complicarnos porque se nos rompió y hubo que parar a arreglarlo. Ahà perdimos la carrera porque por cantidad de vueltas hubiésemos ganadoâ€, explica.
Más tarde, Franco comenzó a convertirse en héroe al asumir un arreglo esencial que permitió al Torino poder seguir en carrera: “En el final se subió Larry y se volvió a romper el escape. Si vos parabas en los boxes trabajaban dos mecánicos. Cada minuto que parabas te descontaban una vuelta. Entonces Fangio me dice ‘¿Cacho, vos te animás?’. Obvio que le dije que ‘sÃ. Fuimos con dos mecánicos, Oreste, Juan Manuel y yo a los viejos boxes que están del otro lado del circuito. Fabricamos un silenciador pequeño para ponerlo abajo, eliminar el que venÃa original del auto y ponerlo arriba en el múltiple del escape. Se podÃa bajar cualquier cosa del auto, pero no subir. Bajó Larry y me subà con el amianto y el alambre escondido en el pecho con un pullover y la campera. Paré luego de diez vueltas e hice el arreglo. Cuando voy a salir el veedor me dijo que esperara y que acelerara el auto. Le pedà por favor que me dejara salir y le mostraba el reloj como indicándole que se me pasaba la hora. Le hice la seña de ruego, me golpeó el capot y me dejó salirâ€.
“Poder competir mano a mano con Copello y Larry. Fui elegido para reparar el auto y lo devolvà a pista con el escape arreglado. Poder representar al paÃs y mi querido Azul en el mundoâ€, remarca sus orgullos y deja una reflexión: “Ganar un campeonato nacional en los papeles hubiese sido lo mejor, pero esto lo superóâ€.
“La gloria no tiene precioâ€â€œTodos los pilotos fuimos ad honorem. Los mecánicos cobraron el suelo y se lo dejaron a sus familias porque ellos faltaron un mes. Fue un gran esfuerzo y en menos de dos semanas se armaron los autosâ€, revela Fangio. “Viajamos con los gastos pagos, pero sin cobrar un peso. Pero eso no importó porque la gloria no tiene precioâ€, asevera Franco.
Un testimonio vital en esta historia es el de Oreste Berta. “Lo que me quedó grabado fue el sufrimiento de todo lo que trabajamos allá. Nos exigimos al máximo de lo que uno puede dar desde el punto de vista fÃsico y psÃquico. Fue un mes de locura, de trabajar desde las 6:30 de la mañana hasta la medianoche o a veces pegarle de largo. Eso fue asà en la previa. En las 84 Horas no me movà de los boxes. No fue tan divertido más allá de lo bien que terminamosâ€, recordó el Mago de Alta Gracia “Para el deporte argentino fue importantÃsimo. Para mà fue muy lindo ya que hice algo por mi patria. Eso fue muy relevante. Pero hice tantos proyectos que no puedo ubicar uno arriba del otro. Sà puedo decir que en todos dejé mi ciento por ciento y másâ€, destacó el preparador que hoy pasa sus dÃas en una casa de campo en dicha localidad cordobesa.
Sobre por qué nunca se repitió algo asà con un equipo argentino, sostuvo que “una de las razones pudo haber sido que luego de la carrera Juan Manuel Fangio vino y me dijo ‘el año que viene volvemos y ganamos’. Yo le dije que no contara conmigo porque como experiencia me habÃa matado. Me costó mucho recuperarme de la paliza fÃsica y mental que me dio esa carreraâ€.Aquella gesta es cada vez más grande y como dijo Oreste Berta lo que hicieron hace 55 años en Alemania fue dejar en claro el nivel de Argentina tanto en lo deportivo como en lo industrial, con un auto que sorprendió al mundo. A la Misión Argentina siempre se la recuerda con orgullo y nostalgia por su mÃstica singular de ser un ejemplo del potencial que supo tener alguna vez nuestro paÃs.
