14 de mayo de 2025
Del “flechazo” en el secundario al hobby “peligroso”: el romance de Oscar Piastri y Lily Zneimer, que puede enfrentarlos en la F1
El piloto de McLaren, líder de la temporada de la Máxima, protege su noviazgo “privado, no secreto” con su ex compañera de colegio; la mejor de su clase
Lo que no esperaba era conocer a Lily Zneimer.
El campus de Haileybury, con sus canchas de rugby, sus bibliotecas góticas y su comedor de pelÃcula, fue el escenario de sus primeras citas. Paseos entre clases, risas tras las ventanas empañadas del invierno inglés, y ese idioma común que compartÃan: la ambición silenciosa.
Cuando se graduaron en 2019, la mayorÃa de los compañeros eligió caminos previsibles. Universidad, carreras tradicionales. Pero ellos no. Piastri se fue a correr. Zneimer, a brillar con sus notas. Se separaron fÃsicamente, pero no emocionalmente. No hubo promesas de pelÃcula, solo una continuidad que se tejÃa a diario, sin aspavientos.
“Lo mantenemos privado, pero no en secretoâ€, dijo Oscar, de 24 años, con esa sonrisa suya, que apenas se insinúa, como si todo lo importante sucediera entre lÃneas. “Tratamos de vivir una vida normal.â€La fama puede ser un tifón: levanta todo a su paso, distorsiona las voces, desfigura las rutinas. Pero ellos —Oscar Piastri y Lily Zneimer— parecen inmunes a la turbulencia. Se mueven por el mundo como si el paddock no los hubiera tocado del todo. Como si siguieran en el comedor de Haileybury, entre libros y tareas, en lugar de aparecer en las galas de la FIA o caminar por los boxes de McLaren.Esa frase define lo suyo: un acuerdo tácito entre dos jóvenes que crecieron juntos, pero no ante las cámaras. En un universo donde cada relación se convierte en contenido, ellos eligieron no jugar ese juego. Su historia no aparece en TikTok. No hay clips editados con música romántica. Apenas una foto en Wimbledon, un saludo en televisión, un posteo entre carreras.
Acompañándose en silencio. Compartiendo vuelos, entrenamientos, semanas de jet lag, conversaciones al final del dÃa. Él, con el cuerpo molido después de horas de simulador o una clasificación en lluvia. Ella, con los auriculares puestos, leyendo apuntes, pensando en otra ecuación.
“Es bonito tener a alguien que ha estado desde el principioâ€, dijo él, y no hacÃa falta agregar más. Porque en ese principio —el de un adolescente australiano que dejó su hogar para correr en un paÃs desconocido— estaba también ella. En los dÃas grises. En los GP sin podio. En las decisiones duras, como aceptar una tasa de asistencia del 35 % en el último año de colegio, porque la Fórmula 3 no daba respiro.Cuando en julio de 2024 Piastri ganó en HungrÃa, ella no estaba ahÃ. Pero su presencia flotaba en el aire. “Hola, Lily, estoy seguro de que estás viendo esto. Nos veremos prontoâ€, dijo ante las cámaras de Fox Sports, mientras el sol bajaba sobre el Hungaroring.
Pudo haber mencionado al equipo, al ingeniero, a su paÃs. Pero primero fue ella.En el mismo internado donde Oscar Piastri soñaba con la Fórmula 1, Lily Zneimer ya tenÃa los pies firmemente puestos sobre la tierra.
Él era el estudiante que casi no estaba. La asistencia de Piastri durante su último año en Haileybury, según The Athletic, fue del 35 %. Entre entrenamientos, viajes y fines de semana de carrera, su asiento en clase era más simbólico que real.Mientras Piastri cruzaba Europa en monoplazas de Fórmula 4, 3 y Renault, ella respondÃa evaluaciones con precisión quirúrgica. Dos trayectorias en sincronÃa, pero con velocidades distintas. Dos modos de lidiar con la exigencia: uno en el asfalto, el otro en el aula.
Cuando él ganaba carreras, ella sumaba logros académicos. Cuando él faltaba, ella sostenÃa. A medida que Piastri acumulaba puntos, ella acumulaba méritos. Ninguno dejó su camino. Y al final del colegio, cuando se graduaron en 2019, ya llevaban más de un año juntos.
En la vida de un piloto de Fórmula 1, el descanso es un lujo escaso. Los fines de semana no se repiten, las ciudades cambian, el cuerpo no siempre avisa. Pero entre una carrera y otra, Oscar Piastri y Lily Zneimer han aprendido a encontrar esos breves recovecos donde la velocidad cede el paso a algo más tranquilo.
No era solo descanso. Era un respiro compartido.
“Ha sido bonito tenerla aquà esta vezâ€, dijo Piastri en el clip, refiriéndose a esa visita. No hacÃa falta más. El piloto y su compañera, esta vez, no eran solo pareja. Eran viajeros, turistas, testigos de una ciudad que aún le pertenece a él, y que ahora también guarda algo de ella.
En la casa donde Oscar Piastri no lleva casco ni guantes, la cocina ocupa un lugar insólito: no como un set de chef televisivo, sino como territorio compartido, sin cronómetro ni cronógrafo.
En el podcast Pit Stop de 2022, Piastri contó que Zneimer lo ha ayudado mucho con su nuevo pasatiempo. Nada gourmet. Nada que implique nitrógeno lÃquido. Solo platos caseros y risas compartidas. En una ocasión, publicó una imagen de una pasta con gambas en X (antes Twitter), acompañada de un mensaje con humor: “Solo querÃa demostrarle a Twitter que realmente puedo cocinar (bueno, mi novia puede que haya ayudado, pero ese no es el punto)â€.
La escena se repite: el piloto que pasa el año entero girando en circuitos cerrados encuentra un tipo distinto de rutina, abierta, doméstica. Cocinar, probar, errar. Y compartir.
Lily Zneimer no necesita que la llamen “la novia de Piastriâ€. Tiene nombre, carrera y, posiblemente, futuro en el mismo mundo que hoy transita desde el costado de los garajes.
El fotógrafo australiano Kym Illman, veterano en retratar la vida detrás del circuito, lo dijo en su canal de YouTube: Zneimer es “educada, bastante elegante†y “le encantarÃa conseguir un trabajo en la Fórmula 1â€.
Y la simpatÃa del público no ha tardado en notarse. En un evento reciente, tras una aparición conjunta, fue ella quien recibió más respaldo que el propio piloto. Piastri, con el micrófono en la mano, lo reconoció sin ironÃa: “Parece que Lily recibió más aplausos que yo, asà que graciasâ€.
Por ahora, mantiene el perfil bajo. No hay declaraciones, ni entrevistas, ni poses ensayadas. Pero si ese dÃa llega, los fanáticos —que ya la encuentran encantadora— no necesitarán presentación.
