DEPORTES
1 de abril de 2026
La Fórmula 1 se da su primer baño de realidad: caída estrepitosa de las audiencias en el GP de Japón
La prueba del algodón ha llegado a la Fórmula 1 tras dos primeras citas engañosas y el resultado es para echarse a temblar.
El crecimiento de la Fórmula desde la llegada de Liberty Media es para estudiarlo en universidades. Tras unos primeros años en los que la vida seguía igual, de repente la categoría dio un salto en popularidad difícilmente visto en otras categorías. Una mezcla de descubrimiento de sus protagonistas con la proliferación de redes sociales, unido a una buena temporada e incluso, por irónico que parezca, la situación de pandemia que hizo que mucha gente buscara nuevos 'hobbys', sin dejar atrás la irrupción del show ‘Drive to Survive’.
Fórmula 1, crecimiento sin límite
De repente, no había un circuito que no colgase el cartel de no hay entradas, a pesar de un notable incremento de precios, como así incrementó de precio el merchandaising, cuyas ediciones especiales no llegan a estar a la venta ni unas horas antes de agotarse a pesar de que la calidad, y esto lo digo como veterano, se ha reducido hasta niveles patéticos, que tengo merchandaising que luce como nuevo con más de 20 años, repleto de bordados, mientras que una camiseta de 90€ de nueva hornada, no solo cuesta diferenciarla de sus copias venidas de china, sino que meterla en la lavadora es toda una aventura. Pero ese es otro tema.
De puertas para adentro, la estructura de club privado por la que hay que adquirir una plaza de las ya existentes para entrar en Fórmula 1 ha revalorizado los equipos hasta niveles inimaginables. De la noche a la mañana, la Fórmula 1 se convierte en prácticamente el deporte más rentable del mundo.
Pero la manta da para lo que da, y si tiras para taparte hasta el cuello, los pies quedan al descubierto. Y a más éxito, más quejas del llamado púbico purista, considerando purista simplemente aquel que no sigue la corriente de aplaudir lo que los asalariados le dicen que es digno de aplaudir. A la F1 no le importa, pues el éxito sigue siendo notablemente mayor que cualquier grupo díscolo.
Para bien o para mal, en el mundo de las métricas, el objetivo siempre es más. ¡Necesitamos más fabricantes!, gritó alguien. Y así ocurrió. El problema es que para atraer a esos fabricantes se ha diseñado una normativa, la actual, que ha modificado completamente la forma de competir, de entender las carreras. 130 años de carreras donde se arriesgaba en las curvas y frenadas, para cambiarlo de un año para otro. Ahora hay que ser genios de la gestión de energía, de altas velocidades punta alcanzadas a principio de recta para ir perdiéndola paulatinamente, de frenadas que empiezan a 200 metros levantando el pie del acelerador, de adelantamientos que no terminan al ganar la posición sino que hay que esperar a la siguiente recta para saber si el de atrás va a recuperar posición al tener más energía. Lo que creías entender de las carreras, pues al contrario. Y ningún genio, ninguna cabeza pensante de la Fórmula 1, fue capaz de intuir un potencial problema, y si lo fue, nadie le escuchó.
Todo por atraer fabricantes... olvidando unos mínimos
La Fórmula 1 comenzó 2026 como cualquier gran empresa, pegando una patada hacia delante, negando la realidad y diciendo que todo es maravilloso. La táctica de la permeabilidad es legítima porque se le atribuye cierta efectividad, pero no quita que puedas llegar a quedar como un auténtico idiota. Y no se puede negar que la F1 ha jugado con fuego en muchas ocasiones pero de alguna u otra manera, la moneda siempre cae a su favor. Hasta ahora.
Tras dos carreras que podrían ser consideradas de prueba, una comprobación del aficionado sobre la nueva temporada, en las que las quejas de los fans fueron una constante, pero los datos, las audiencias, la popularidad, se mantenía, la F1 se ha llevado todo un golpe de realidad en Japón. Y es que al aficionado no le gusta lo que ve.
Las caídas de audiencia respecto al mismo Gran Premio del pasado año, con los mismos horarios, son simplemente brutales, de casi un 50%. Porque esta F1 no emociona, y si no me emociona, no me levanto para verla, si eso, ya me la pongo bajo demanda y así la paso rápido. Los defensores de las causas perdidas, los que desearían tener la capacidad de repartir carnets de buenos y malos aficionados, salieron rápidos y veloces a culpar a los alonsistas de este hecho… pero es que Fernando Alonso ya abandonó la Fórmula 1 en una ocasión, y las caídas de audiencia no fueron estas. Y porque el alonsismo no explica la caída de audiencias en otros países, donde únicamente Italia, que por primera vez en 20 años tiene un piloto italiano ganando carreras, se sale de la norma.
Por primera vez la Fórmula 1 de Liberty Media teme que su negocio se tambalee. Quién iba a pensar que cambiando por completo la esencia de la F1, su público podría no tomárselo bien. Les puedo llegar a entender. Debe ser la misma gente que empuja a que la realización se fije en niños en la grada y en parejas de pilotos en boxes en lugar de la carrera. Yo soy el que entiende de esto, no me digas lo que tengo que hacer.
Y por si esta crisis no fuera suficiente… los pilotos no ocultan que no se están divirtiendo, y el cuatro veces campeón del mundo dice abiertamente que se replanteará su continuidad en la F1. Y si la F1 es lo que es, es precisamente porque es el lugar al que todos ansían llegar. Si deja de serlo…
La Fórmula 1 tiene un mes por delante para replantearse sus prioridades. Por un lado, asusta que Stefano Domenicalli siga promulgando que todo va de maravilla, aunque por otro, al final no deja de ser un cabeza visible al que se le presume un poder de decisión más bien limitado. Veremos,
Fuente: Caranddriver
